Nos sentimos parte de algo, no nos sentimos un todo siempre. En nuestro vivir habitual con la gente, no es un mero 'estar al lado', un 'estar por ahí cerca', sino que, muy por el contrario, nos sentimos parte de, co-nformamos grupos, parejas, bandas, etc. Somos siempre parte de algo y nos asumimos como tales, constituimos unidades, y estas, a su vez, forman pluralidades. Pero con ese nosotros, qué queremos decir realmente. Podríamos pensar que es una multiplicidad de
unos que conforman otro
uno, un poco más grande que es un
grupo. Una cierta inclusión de
unos con
unos; sería una idea plausible... pero para responder por el 'nosotros' de un
grupo, pareja, etc. no es satisfactoria la lógica de los
uno's.
Cada
uno, no es siempre una sola unidad, cada
uno corre por la posibilidad de
estar dividido, de
no ser ya uno. Cada cual no puede asegurar, en cada momento, ser quien es como una sola unidad. No hay armonía en el
uno del que hablamos, en él se vive la constante guerra entre lo que desea, lo que debe, lo que quiere, lo que piensa, lo que dice y lo que hace. ¿Por cuál de ellas debemos responder cuando se nos pregunta por el
uno? Si somos
otro del
uno, responderemos que o lo que hace, o lo que dice, o cómo se aparece, si somos el
uno por el que preguntamos, diremos que o lo que piensa, o lo que desea, o lo que quiere. Nos podríamos perder en esa multiplicidad en conflicto, en constante guerra y jamás responderemos por el uno, de ahí que pensara Sócrates el conocimiento fundamental es el de uno mismo. ¿Qué sería conocerse a uno mismo? ¿Conocer una armonía en esa guerra? ¿Conocer esa guerra en la armonía? Como fuera el caso, ese
uno no está resuelto, está dividido y a veces hasta el infinito... si se es sólo lo que se piensa, qué pasa cuando se piensan cosas que luchan las unas con las otras, o se quieren cosas contradictorias, o se dicen cosas que no se decían antes. Aun más división hay en quién es el
uno si se pregunta acerca de su temporalidad... si es su pasado, si su presente, si su futuro, si todos, si alguno no, si cuál más, si cuál menos... No hay respuesta. El
uno, ya tiene múltiples dimensiones para poder ser visto, cuál de todas ellas más oscura.
Aún más, cuál de todas las dimensiones escogeremos en un grupo, donde predomina la
relación. Pero diablos ¿Qué es eso? si la contrariedad, si la unión, si el estar al lado, si el compenetrarse unos con otros, si es el hiato constante entre una persona y la otra, etc. Todo esto, está en juego cuando nos preguntamos quién es el
nosotros del que hablamos... además... ¡pensémoslo negativamente!
Nosotros resulta de la exclusión de los
otros. De nuestros diferentes, nace nuestra igualdad, de nuestra distancia común, nuestro estar lejos de esos que
están fuera de nuestra
identidad.
En fin, cada vez que decimos nosotros, hablamos de una cuestión que todos admitimos, que todos sabemos de antemano, pero cuando se nos pregunta... ¿Qué respondemos? Lo sabemos mientras no se nos pregunta, y cuando se nos pregunta ya no lo sabemos...